Un pulso al tiempo

Tengo la necesidad de escribir este post, porque en realidad estoy contenta, sólo ligeramente contenta, pensando en lo aterradora que podía haber sido la semana.
Esta claro que todo puede cambiar de la noche a la mañana  y está vez, así  ha sido, como la mayor parte de las veces.

En tres días pasé, de la no demasiada preocupación, a la inquietud, la incertidumbre, el desasosiego, los insomnios, las prisas, las ganas de apretar el tiempo entre los dientes y la necesidad de trasmitir apoyo y amor a alguien muy importante en algún capítulo de mi historia.

Como dice Federico Moura : " A la vida, hay que hacerle el amor, sin drama, con locura y pasión ", básicamente porque nunca se sabe cuando viene el punto y final.

Estoy contenta por haberte querido como lo he hecho, porque nunca te he ocultado nada, porque te he dicho las cosas tal como las sentía, porque he sido yo.
A pesar de muchas cosas, te quiero, y no voy a dejar de hacerlo, no me avergüenza reconocerlo  pese a quién pese.

Pues eso mismo,  independientemente de ser dos líneas paralelas, me siento cercana y te siento cercano, sin más pretensiones de ser eso, dos líneas rectas que discurren juntas, aún no llegando a tocarse y sin llevar la misma dirección.
Porque hay cosas que tienen un valor incalculable  y muchas veces no somos conscientes de lo grandes que son. Y donde digo cosas, digo personas. Personas con nombre, apellido, ubicación geográfica, alma, emociones, cerebro, páncreas, colon, corazón...

¿Porque a estas personas, no les hacemos ver lo que nos importan?.
Quizá sea a nosotros mismos a los que queremos engañar, ocultando sentimientos, por cuestiones de ego, rencor y otras tantas.
Ya está bien de callar, de bajar volúmenes, de tragarnos palabras bonitas, de atarnos las manos cuando queremos acariciar, de ponernos camisas de fuerza que eviten la expresión corporal. Ya está bien de sentirnos esclavos.
En la vida hay dos cosas fundamentales que deben de convivir en armonía, y para nada incompatibles, son el mejor regalo que le puedes ofrecer a alguien, son un par de alas y unas fuertes raíces.

No voy a decir mucho más, solo que sepas, que estos días he sentido miedo, por momentos tuve la sensación de que podías irte para siempre, y esa sensación me producía un vacío enorme en alguna de las parcelas de mi ser.
Sentí la angustia de la incertidumbre y la impotencia  de que  aún pudiendo, las cosas se me escapaban de las manos.

Ahora ya está, hemos salido a flote, como otras veces, creciéndonos ante la adversidad.

Creo que somos de los que no queremos a alguien que nos diga siempre, que todo irá bien. Preferimos a alguien que nos mire a los ojos y nos diga : " Todo esta jodido, pero aquí me quedo".

Pues eso "Yo, aquí me quedo".

Comentarios

Entradas populares de este blog

Un remake

Letras y letrados

Tal y como fue