Estado de alarma
Agobios, neuras, dudas, errores.
Vértigos, temores, fuerza.
Música, EPIs, anotaciones, protocolos.
De noche miro por la ventana, el silencio y el vacío de la ciudad es aterrador, no se ve un alma, no se oye nada, han conseguido que el mundo se pare, pero yo no puedo.
Mi cabeza está en constante ebullición.
Anoche me asomé al balcón y rompí el silencio con un grito, lo que salió fue un largo: “Estefaníaaaa” (consecuencia de esta enajenación mental transitoria).
Sigo avanzando no hay opción, es lo que el cuerpo, la mente y las autoridades del estado me piden.
Me levanto cada día a las 6:10 am, subo al coche y me marcho a trabajar vestida casi de astronauta.
Me llevo otro atuendo en una mochila y al volver a casa me cambio en el rellano, meto la ropa de trabajo en una bolsa de plástico, dejo los zuecos fuera y de ahí directa a la lavadora y a la ducha.
Cualquier ritual es poco para intentar no meter al puñetero bicho en casa.
Soy médico, esa faceta no ha cambiado, incluso más bien diría que se ha acentuado.
Pero también soy hija, madre, mujer, amiga.
Veo y siento que las personas cercanas están tremendamente preocupadas, tienen miedo a que me ocurra algo, no quieren que asuma riesgos, me repiten constantemente que tenga cuidado, que me proteja, y yo no tengo miedo por mi, sino por ellos.
Se que la situación es muy complicada, el cansancio mental y no el físico me está empezando a pasar factura, me apaga, me llena de silencios, me quita las ganas de contestar al teléfono o a los mensajes.
Me aburre oír hablar del "covid19" en los telediarios y periódicos, me agobian las cadenas de mensajes de grupos de whatsapp repetidos una y otra vez.
Estoy harta de las cifras de contagios, de estadísticas espeluznantes (en gran parte falseadas), de picos y valles, de guerras políticas, de falta de recursos y previsión, de tener que improvisar y asumir todo tipo de funciones.
Quisiera poder llegar a mucho más, conocer mejor al enemigo ( porque a este, se le gana la partida con inteligencia, no con fuerza).
Cuesta, y es un sentir popular, no poder abrazar, besar, acompañar a nuestros mayores y enfermos.
Es algo antinatural.
Yo, como mi compañero y amigo Pedro, me veo tentada a saltarme los protocolos y pasármelos por el arco del triunfo, pero he de ser respetuosa, cívica y solidaria.
Estoy viendo enfermar a mucha gente, como profesional y como familiar.
Las radiografías que vemos son diabólicas y las analíticas atroces.
No estoy acostumbrada a este enfoque, a esta praxis, a esta deshumanización de la medicina, a los aislamientos a discreción.
Se deben pasar para saber de su dureza.
Hay quien sale de casa en su coche por un cuadro febril y sencillamente no vuelve nunca.
Tremendo pero cierto.
Siempre he luchado y defendido el trato cercano, la empatía, la muerte digna, la medicina domiciliaria, el calor y el apoyo que se les debería brindar a los seres queridos en las situaciones complicadas de la vida.
Todos necesitamos acompañamiento y caricias antes de irnos para siempre, tener la posibilidad de despedirnos debería de ser un derecho y no un privilegio.
Me cuesta ver a todo el mundo encerrado, ancianos, niños, padres y madres de familia, pero sobretodo a pacientes en las plantas de hospitales y en UCIs.
Sinceramente me horroriza.
Supongo que todo esto nos tiene que venir bien para tratar de ser algo mejores, para reflexionar, meditar, sopesar, hacer balance, darle importancia a las pequeñas cosas, ser agradecidos y no dejar nunca cosas por hacer, porque quizá algún día sea demasiado tarde.
Muchísimo ánimo a todos, gracias por la colaboración, no me cansaré de dar las gracias porque aquí los héroes somos todos, aunque queden soldados por el camino.
Me gustaría terminar con un texto de Haruki Murakami de su libro Kafka en la orilla:
"... Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tu no comprenderás como has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa si quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetro en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena".

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