Sin perder la ilusión y las ganas




El hecho de vivir con un reloj enredado en tu muñeca, confirma que no hay tiempo que perder.
Y es entonces cuando te das cuenta de que la ilusión jamás caduca, sobre todo si sabes como invertirla y con quien ganarla. 
Es cuestión de puro negocio. Negocio emocional.
Donde las ganas, son como un yoyó, todo depende de la perspectiva.
Y cuando la perspectiva de dos, mira en la misma dirección, es entonces, cuando todo va rodado.

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